Homilía del diácono Harry Evans

Jesús vuelve a hablar hoy de su muerte y resurrección. Está preparando a sus discípulos para lo que está por venir.

Pronunció las palabras que recoge el Evangelio: "Dentro de poco ya no me veréis y dentro de poco me volveréis a ver". Sus discípulos siguen confundidos.

Por supuesto, tenemos la ventaja de conocer toda la historia... poco después de decir esto, murió en la Cruz y fue enterrado en el sepulcro y nadie le vio, y poco después, resucitó de entre los muertos y sus discípulos le volvieron a ver.

La razón por la que hoy tenemos este Evangelio es que estas palabras pueden aplicarse a la segunda vez que Jesús desapareció y a su eventual regreso.

Cuarenta días después de que Jesús resucitara y se apareciera a sus discípulos, ascendió al cielo. Desapareció de nuevo y sus discípulos no volverían a verle. Algún día, después de un poco de tiempo (¿pero qué es exactamente un poco de tiempo para Dios?), Jesús volverá y le veremos en su gloria.

Mientras tanto, a la espera de que Jesús reaparezca, "lloraremos y nos lamentaremos, mientras el mundo se alegra". Esta es la suerte de los cristianos fieles. El mundo se alegra, pero los cristianos lloramos....¿Por qué?

Porque el mundo se regocija en el pecado. El mundo se regocija en la codicia. El mundo se regocija en la lujuria. El mundo se regocija en la violencia. ¿Cómo puede un cristiano regocijarse en el pecado, la avaricia, la lujuria y la violencia?

Si el Evangelio es ajeno al mundo, y el Evangelio es la norma de nuestras vidas, entonces debemos parecer diferentes al mundo. No debemos ceder al relativismo que impregna el pensamiento moderno. Cuando Jesús vuelva, habrá un verdadero ajuste de cuentas.

Para preparar su regreso... amar al prójimo como a uno mismo y a Dios por encima de todo será la única justificación para liberarse de las penas del pecado y de la muerte.

Y así, nuestro llanto se convertirá en Alegría cuando volvamos a ver a Jesús.